La discusión suele plantearse como una guerra religiosa y en realidad es una decisión de negocio con tres variables. Vamos a las tres.
El costo real de ir nativo
Nativo significa dos productos: uno en Swift para iOS y otro en Kotlin para Android. Dos bases de código, dos ciclos de prueba, dos veces que corregir cada bug. En la práctica el desarrollo cuesta entre un 60% y un 90% más, y el mantenimiento se duplica para siempre. Eso último es lo que la gente subestima: el costo no termina el día del lanzamiento.
Las tres preguntas que deciden
- ¿Tu app necesita gráficos intensivos, realidad aumentada o procesamiento pesado en tiempo real? Si sí, nativo.
- ¿Depende de hardware muy específico o de APIs del sistema que salen el día uno de cada versión de iOS? Si sí, nativo.
- ¿Es una app de negocio — catálogo, pedidos, reservas, registro en campo, cuenta de usuario? Si sí, multiplataforma y no lo pienses más.
Para la enorme mayoría de los productos de negocio, la tercera pregunta se responde sola. Y la diferencia de rendimiento es indistinguible para el usuario final: nadie abandona una app porque tarda 40 milisegundos más en abrir una pantalla.
Lo que sí pierdes con multiplataforma
Para ser justos, no es gratis:
- Las funciones nuevas del sistema operativo tardan un poco más en estar disponibles.
- Ciertas animaciones muy finas requieren más trabajo para sentirse perfectas.
- Dependes de un ecosistema de librerías que hay que elegir con criterio.
Dos detalles que valen plata
Primero: las cuentas de App Store Connect y Google Play deben crearse a nombre de tu empresa, contigo como titular. Si la app queda publicada bajo la cuenta del proveedor, tu producto es rehén.
Segundo: pregunta por actualizaciones over-the-air. Poder corregir un error y desplegarlo sin esperar la revisión de tienda cambia por completo la velocidad con la que reaccionas a un problema en producción.
¿Y una web app no alcanza?
A veces sí, y conviene decirlo. Si no necesitas notificaciones push, cámara, GPS en segundo plano ni presencia en las tiendas, una aplicación web progresiva te resuelve el problema por una fracción del costo. La pregunta correcta no es «¿qué tecnología?», sino «¿realmente necesito estar en las tiendas?».
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